A través de la historia, el ser humano ha buscado la forma de ser recordado. En los inicios de las civilizaciones, la escritura se convirtió en el medio para traspasar el tiempo y tener un nombre en la historia. El hombre empieza a ser recordado por lo que ha escrito, pero siempre faltaba algo. Luego, vino la pintura que, de una manera casi real, podía «perpetuar» el ser de una persona.
Sin embargo, en sus inicios, el retrato mediante la pintura fue una representación de los ricos y poderosos, quienes veían en este arte una manera de proyectar su poder e investidura en un cuadro. Con el pasar de los años, los pintores crearon el retrato en miniatura que era una versión portátil de la imagen pintada. Era algo íntimo y personal cuya principal característica era la facilidad de transportarlo. Su bajo precio permitió que muchas personas de la clase media puedan hacerse de estos objetos que eran mucho más económicos que un retrato de gran tamaño. Es aquí que John Tagg habla de la democratización de los retratos.
En 1839, Louis Daguerre presenta, en París, el daguerrotipo, una invención que hizo junto a su socio Nicéphore Niépce, y muestra la primera fotografía. Este invento fue una revolución para el momento, llamó mucho la atención y marcó una diferencia con la pintura. Mediante procesos químicos, se pudo obtener la primera imagen promocionada como el extracto puro de la realidad. El daguerrotipo, fue vendido al gobierno francés y ahí empezó su difusión.
La idea de tener un retrato en menos tiempo que la pintura y, además, que mostrara fielmente la realidad, hizo que curiosos y extraños se entusiasmaran con la idea de hacerse un retrato. Sin embargo, el daguerrotipo tuvo detractores que dijeron que solo la pintura podía capturar la esencia del hombre, que es imagen de Dios. Eso no detuvo la expansión del daguerrotipo y gracias a este «regalo de Francia para el mundo» (así lo llamaba el gobierno francés) estudios fotográficos en Europa y América empezaron a abrir.
Con este invento, el retrato ya no sería una forma de ganar prestigio solo para los burgueses y ricos de la época, en ese momento, la clase media podía tener un retrato de un estudio en la ciudad. La herramienta de prestigio se había generalizado en casi todo el mundo, dejando a los pintores de miniaturas la única opción de convertirse en fotógrafos de retratos.
John Tagg menciona el caso de Marsella, en el que un miniaturista realizaba entre 40 a 50 retratos por año, sin embargo, cuando llegó el daguerrotipo se realizaban 1200 imágenes al año. Los miniaturistas podrían seguir haciendo sus retratos y morir o cambiar los pinceles por el daguerrotipo y sobrevivir con esta nueva invención.
No obstante, también surgieron otros inventos relacionados a la fotografía como el calotipo por William Talbot en 1841. Por medio de un papel negativo hizo posible obtener un número ilimitado de copias (hacer un positivo del negativo). Los retratos se hicieron más baratos y accesibles. Artistas reconocidos como Lewis Carroll, quien retrataba a niñas con estilos pictorialistas, hicieron uso de este nuevo invento.
Pero no es hasta 1888 que George Eastman presentó la cámara Kodak. Fue un momento de revolución, para hacer fotografías ya no se necesitaba un conocimiento previo, sino simplemente hacer click y listo. El eslogan decía «Aprieta el botón y nosotros hacemos el resto». De esta manera, G. Eastman permite que cualquiera pueda hacerse un retrato sin necesidad de tener que recurrir a un estudio fotográfico.
Los periódicos y las revistan empezaron a usar fotografía en vez de ilustraciones. Todo cambió. El retrató llegó a lugares más íntimos como la sala de los hogares de la población. El retrato y la fotografía no volvieron a ser lo mismo.
Actualmente, estamos en una nueva etapa de la fotografía de retratos. El uso de las nuevas tecnologías y de los móviles ha permitido que cada individuo pueda, sin necesidad de un fotógrafo profesional, realizar una imagen de sí mismo. Estamos en el mundo de los selfie, donde las experiencias de las personas son objetos fotografiables, convirtiendo cada escena de la vida en un selfie.
Sin embargo, en sus inicios, el retrato mediante la pintura fue una representación de los ricos y poderosos, quienes veían en este arte una manera de proyectar su poder e investidura en un cuadro. Con el pasar de los años, los pintores crearon el retrato en miniatura que era una versión portátil de la imagen pintada. Era algo íntimo y personal cuya principal característica era la facilidad de transportarlo. Su bajo precio permitió que muchas personas de la clase media puedan hacerse de estos objetos que eran mucho más económicos que un retrato de gran tamaño. Es aquí que John Tagg habla de la democratización de los retratos.
En 1839, Louis Daguerre presenta, en París, el daguerrotipo, una invención que hizo junto a su socio Nicéphore Niépce, y muestra la primera fotografía. Este invento fue una revolución para el momento, llamó mucho la atención y marcó una diferencia con la pintura. Mediante procesos químicos, se pudo obtener la primera imagen promocionada como el extracto puro de la realidad. El daguerrotipo, fue vendido al gobierno francés y ahí empezó su difusión.
La idea de tener un retrato en menos tiempo que la pintura y, además, que mostrara fielmente la realidad, hizo que curiosos y extraños se entusiasmaran con la idea de hacerse un retrato. Sin embargo, el daguerrotipo tuvo detractores que dijeron que solo la pintura podía capturar la esencia del hombre, que es imagen de Dios. Eso no detuvo la expansión del daguerrotipo y gracias a este «regalo de Francia para el mundo» (así lo llamaba el gobierno francés) estudios fotográficos en Europa y América empezaron a abrir.
Con este invento, el retrato ya no sería una forma de ganar prestigio solo para los burgueses y ricos de la época, en ese momento, la clase media podía tener un retrato de un estudio en la ciudad. La herramienta de prestigio se había generalizado en casi todo el mundo, dejando a los pintores de miniaturas la única opción de convertirse en fotógrafos de retratos.
John Tagg menciona el caso de Marsella, en el que un miniaturista realizaba entre 40 a 50 retratos por año, sin embargo, cuando llegó el daguerrotipo se realizaban 1200 imágenes al año. Los miniaturistas podrían seguir haciendo sus retratos y morir o cambiar los pinceles por el daguerrotipo y sobrevivir con esta nueva invención.
No obstante, también surgieron otros inventos relacionados a la fotografía como el calotipo por William Talbot en 1841. Por medio de un papel negativo hizo posible obtener un número ilimitado de copias (hacer un positivo del negativo). Los retratos se hicieron más baratos y accesibles. Artistas reconocidos como Lewis Carroll, quien retrataba a niñas con estilos pictorialistas, hicieron uso de este nuevo invento.
Pero no es hasta 1888 que George Eastman presentó la cámara Kodak. Fue un momento de revolución, para hacer fotografías ya no se necesitaba un conocimiento previo, sino simplemente hacer click y listo. El eslogan decía «Aprieta el botón y nosotros hacemos el resto». De esta manera, G. Eastman permite que cualquiera pueda hacerse un retrato sin necesidad de tener que recurrir a un estudio fotográfico.
Los periódicos y las revistan empezaron a usar fotografía en vez de ilustraciones. Todo cambió. El retrató llegó a lugares más íntimos como la sala de los hogares de la población. El retrato y la fotografía no volvieron a ser lo mismo.
Actualmente, estamos en una nueva etapa de la fotografía de retratos. El uso de las nuevas tecnologías y de los móviles ha permitido que cada individuo pueda, sin necesidad de un fotógrafo profesional, realizar una imagen de sí mismo. Estamos en el mundo de los selfie, donde las experiencias de las personas son objetos fotografiables, convirtiendo cada escena de la vida en un selfie.
Por: Robertho Paredes


No hay comentarios:
Publicar un comentario