¿Qué tienen en común el último Smartphone,
un muñeco de vinilo y la ropa que usas? Pues que a todos los encuentras en el mall
de tu preferencia. Entonces, imagina que estás caminando y ves las grandes
vitrinas donde, cada quien, expone sus mercancías. Luego, algo llama tu
atención.
De hecho, hay muchas “cosas” que capturan nuestra
mirada, pero solo las elegidas pasarán a formar parte de nuestras posesiones.
Puesto que, sus características llamativas y peculiares generan una descarga de
emociones, pero al mismo tiempo cabe el preguntarse – al menos para mí-
¿Necesito esto realmente? Es momento de elegir y es tu decisión.
Sin embargo, ¿de dónde vienen estas baratijas que
capturan nuestra atención? Se sabe que la mano de obra inmediata de estos
detalles son parte de un continente asiático, donde la tasa de desnutrición
supera los estándares de la Organización Mundial de la Salud. O en donde, tal
vez, la contaminación ambiental ha alcanzado niveles desproporcionados a lo
permitido.
Pero, ¿qué puede inclinarnos a comprar estas
“cosas”? ¿será el apego? ¿tal vez la nostalgia? o quizá la curiosidad por ver
materializadas nuestras emociones en algo insignificante, pero a la vez tan
poderoso: una pieza hecha a mano.
Y es esto lo que nos da la mal llamada
“felicidad”. Feliz o no, las “cosas” siempre estuvieron allí, aunque el afán
por comprar bienes de modo exagerado es parte de nuestro siglo. Es simple, mientras
nosotros disfrutamos al pasar la tarjeta de crédito, un niño como aquel que ves
en la calle jugando, en otro país u otro contexto termina siendo víctima de la
esclavitud moderna.
Ese niño es quien pinta a mano todos los “regalos” que
adquirimos en las grandes vitrinas o en los enormes almacenes. Sí, asistimos a
un desgaste y consumo sin comparación. Con lo cual, esta actividad se convierte
en un acaparamiento desmedido donde vale más las chucherías.
Sabe Dios si nos servirán después de la muerte.
Pues, hasta ahora, nadie ha ido con sus maletas al otro mundo, ¿verdad? Bueno,
solo algunos podemos gozar de la dichosa “felicidad”, ¿correcto? Ya sea cuando
comes, paseas o compras en el mall de tu preferencia. Olvidamos todo
lo que no está en una vitrina. Como si el mundo fuese perfecto en su
infinita equidad e igualdad.
Dejemos que otras “cosas” también llamen nuestra
atención.
(Por Peter Calderón)


No hay comentarios:
Publicar un comentario