Made in - Sindéresis

sábado, 10 de marzo de 2018

Made in




¿Qué tienen en común el último Smartphone, un muñeco de vinilo y la ropa que usas? Pues que a todos los encuentras en el mall de tu preferencia. Entonces, imagina que estás caminando y ves las grandes vitrinas donde, cada quien, expone sus mercancías. Luego, algo llama tu atención.

De hecho, hay muchas “cosas” que capturan nuestra mirada, pero solo las elegidas pasarán a formar parte de nuestras posesiones. Puesto que, sus características llamativas y peculiares generan una descarga de emociones, pero al mismo tiempo cabe el preguntarse – al menos para mí- ¿Necesito esto realmente? Es momento de elegir y es tu decisión.

Sin embargo, ¿de dónde vienen estas baratijas que capturan nuestra atención? Se sabe que la mano de obra inmediata de estos detalles son parte de un continente asiático, donde la tasa de desnutrición supera los estándares de la Organización Mundial de la Salud. O en donde, tal vez, la contaminación ambiental ha alcanzado niveles desproporcionados a lo permitido.

Pero, ¿qué puede inclinarnos a comprar estas “cosas”? ¿será el apego? ¿tal vez la nostalgia? o quizá la curiosidad por ver materializadas nuestras emociones en algo insignificante, pero a la vez tan poderoso: una pieza hecha a mano.

Y es esto lo que nos da la mal llamada “felicidad”. Feliz o no, las “cosas” siempre estuvieron allí, aunque el afán por comprar bienes de modo exagerado es parte de nuestro siglo. Es simple, mientras nosotros disfrutamos al pasar la tarjeta de crédito, un niño como aquel que ves en la calle jugando, en otro país u otro contexto termina siendo víctima de la esclavitud moderna.

Ese niño es quien pinta a mano todos los “regalos” que adquirimos en las grandes vitrinas o en los enormes almacenes. Sí, asistimos a un desgaste y consumo sin comparación. Con lo cual, esta actividad se convierte en un acaparamiento desmedido donde vale más las chucherías.

Sabe Dios si nos servirán después de la muerte. Pues, hasta ahora, nadie ha ido con sus maletas al otro mundo, ¿verdad? Bueno, solo algunos podemos gozar de la dichosa “felicidad”, ¿correcto? Ya sea cuando comes, paseas o compras en el mall de tu preferencia. Olvidamos todo lo que no está en una vitrina.  Como si el mundo fuese perfecto en su infinita equidad e igualdad.

Dejemos que otras “cosas” también llamen nuestra atención.




(Por Peter Calderón)

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