Alrededor
del 20% de los jóvenes peruanos entre 15 a 24 años es pobre (en zonas rurales,
esta cifra supera el 35%). Para ellos, trabajar significa una obligación antes
que una experiencia profesional. Su precoz ingreso al mercado laboral está
marcado por una gran inestabilidad, informalidad, alta rotación y una
desprotección social y de salud generalizada.
Acceder
al sector formal requiere una alta cualificación, que en el caso de los jóvenes
sólo puede ser adquirida por la vía de la educación. Sin embargo, la educación
es, en palabras del experto en políticas laborales Juan Chacaltana, un «bien experiencia», caracterizado por que «su calidad sólo se conoce
tiempo después de haber consumido este bien». Las constancias educativas no
garantizan necesariamente una inserción laboral efectiva.
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| "Jóvenes Productivos" es la política social de empleo juvenil vigente. |
No obstante, a diferencia de décadas pasadas en que la transición entre la educación formal y el
trabajo seguían un camino prestablecido, en la actualidad este paso hacia la
autonomía económica es diverso y, con frecuencia, accidentado. De manera
simultánea, se presenta un repliegue a comunidad identitarias al margen
del imaginario colectivo socialmente «aceptado», en el cual los jóvenes
construyen sus proyectos de vida. La importancia que estos le confieren a la
búsqueda de un empleo difiere en medida de sus propias aspiraciones.
Estas
aspiraciones están reguladas, también, por su pertenencia a una determinada
clase socioeconómica, etnia o su género. Lo anterior puede ayudar a explicar
las altas tasas de deserción escolar y fracaso educativo y laboral juvenil.
Ello conlleva el peligro de “reproducir” conductas antisistémicas (pandillaje,
delincuencia, drogadicción, etc.) en el seno de sus comunidades.
En
tal sentido, no es del todo cierto afirmar que a mayor producción más plazas de
trabajo y, por lo tanto, mayores oportunidades e igualdad. Y es que la igualdad
es un término esquivo cuando se habla de una población muy heterogénea, cuyas disparidades
se observan desde la escuela: currículos desfasados y ambientes deteriorados
por el tiempo.
El insuficiente gasto público en el sector
educación nos demuestra, desalentador, que el camino a transitar aún es largo.


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