¿Cirugías?...varias. Tuve una cirugía oftalmológica con láser para mejorar mi percepción de la realidad y apreciar la vida de forma positiva. También me realizaron una cirugía a corazón abierto que aseguraba mi estabilidad emocional. Pero la más reciente, una lobotomía cerebral, me garantiza dejar las cosas de niños, razonar y hablar como un niño. Ahora que tengo todo lo necesario, puedo decir que gozo de un estado de equilibrio entre lo intelectual y lo racional: la madurez.
Aún estoy convaleciente, debo dinero y favores, pero el proceso era necesario. Este estado de equilibrio tiene sus frutos. Ya hice el check list: tengo una inexplicable paciencia, amabilidad y afecto, nunca antes experimentados, hacia los que me rodean. Además, optimismo y confianza frente a cada problema. Pero lo que más me sorprende es el dominio propio de lo que pienso hablo y siento.
Pero ¿qué me dirían los grandes de la psicología sobre este proceso? Pues Freud me diría que si me jacto de mi madurez debería ser capaz de resolver mis propios conflictos internos, trabajar y amar. Maslow acotaría que la madurez está asociada con mi autorrealización mediante la satisfacción de las necesidades más básicas y el desarrollo de mis capacidades. Por último, Jung diría que la madurez ocurre entre los 35 y 40 años a través de transformaciones necesarias y benéficas.
Luego de este complicado viaje, cada cicatriz será digna de admiración y respeto. Sin duda, serán el tema de conversación en muchas reuniones. Mis contemporáneos y yo, compararemos las cicatrices y discutiremos sobre cuáles son la peores o las que están mejor hechas. Las más caras o las más baratas. Trataremos de defender con integridad los resultados de cada una para recibir el reconocimiento máximo a la supervivencia.
Por Fiorella Ortiz Ríos.


owwww buen texto, buena pluma en cada frase
ResponderEliminarQué importante tu necesidad natural de sentir y de transmitir.
ResponderEliminarTan importante como necesaria. Para tantos.
Gracias.