Y SE LLAMA PERÚ - Sindéresis

miércoles, 28 de marzo de 2018

Y SE LLAMA PERÚ













Por Peter Calderón



No hemos ganado guerra alguna –y no es que esté a favor de ellas-, pero bien que celebramos. No respetamos las reglas de tránsito, pero salimos a tomar las calles. No valoramos a nuestro prójimo, pero abrazamos a un extraño en plena euforia. No limpiamos nuestra propia basura porque hay otro al que se la paga para que lo haga.

Y es que valen más lo movimientos en el arco contrario para determinar quién es el vencedor. No atribuimos la gloria a quien gana pruebas aptitudinales o medallas olímpicas de matemática, sino que despertamos miramientos y pasiones al recorrer de lado a lado la horizontal con los ojos.

Las falsas alegrías del bienestar común. De lo ilusorio. De la ceguera permanente.

Si la cerveza fuera un deporte nacional ya hubiésemos impuesto varias marcas rompiendo nuestro propio record. Tan solo basta observar a unos cuantos parroquianos llorar más por la botella que por cualquier otro santo. Y justo ahí, relucen sus típicas ondulaciones y vaivenes en favor de su lucha ambientalista por preservar los árboles y los arbustos, regados por fluidos amarillentos.

Estamos tan ávidos de triunfos que le atribuimos a unos once las campañas más loables para solucionar todos los problemas del país. Nuestro orgullo pende de un hilo para que siga viva la esperanza de solo ganar en la cancha. Somos hinchas que hinchamos por la bicolor, pero echamos todo el Perú a joder ¿por qué? Pues somos la gran mayoría que tiene a los gobernantes que se merece –y lo peor es que nos quejamos-.

Según la RAE hincha significa: «partidario entusiasta». Bueno, entusiastas sí; pero, ¿partidarios de qué? ¿acaso de querer al Perú? Ni una ni otra. Es una moda mundialista que no se veía hace 36 abriles.

Una de las tantas modas que nos secuestran. Como quien no conoce ya las derrotas de la historia, y que, sin embargo, se respaldan en un juego azaroso de potencias y amagues.  Y es que la cultura futbolera en nuestro país pide más feriados. Pide más rojos en el calendario para seguir celebrando. ¿Celebrar qué? ¿no será que es la celebración de nuestra negación? ¿de nuestra derrota como sociedad? Somos un colectivo en el que se conservan aún patrones conductuales arcaicos y prejuicios longevos que ya nos son tolerables.

Llámenme aguafiestas, pero no soy hincha de esta cultura que divide a los hombres. No soy hincha de la homofobia, del feminicidio, de la corrupción, de lo inmoral. Ni tampoco de la ceguera. No soy hincha del olvido de la historia. Pues, quiéranlo o no, siempre volvemos a caer en los mismos errores.

Soy un partidario entusiasta de ver una nueva sociedad con valores firmes. Por creer que sí es posible lograr un país más digno y justo, más tolerante y abierto al cambio. Un país que celebre los logros de la educación y supere los obstáculos de nuestro propio enemigo: la política.

Creo –y es un acto de fe- que los buenos hombres lideraremos la ruta de esta nación, de este colectivo.

Soy hincha de creer que así sea.

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