La visita del
Papa ha dejado un buen sabor para quienes profesan la fe católica. Mas para
aquellos que ven a la Iglesia como una institución arrojada a los atavismos
seculares de antaño y dedicada a ocultar escándalos de acosos y violaciones, ha
resultado de un gusto acerbo.
Mariátegui
señaló que Gonzales Prada fue el primer instante lucido de la conciencia
peruana, a pesar de ello, el amauta anotó que solo lo consideraba un literato,
mas no un político. Gonzales Prada, como todo inexorable hombre perspicaz y de
mirada aguzada, vio lo que el dedo señalaba e ignoró el dedo mismo, es por ello
que fue conocido entre otras cosas por su incesante crítica al Clero y la Iglesia.
Esto es evidente en sus famosos discursos pronunciados en Lima y en sus libros postreros
como Horas de lucha.
Debe entenderse que el contexto en el que se dio tal crítica se circunscribe en un periodo de la historia en que la Iglesia aún tenía un poder de gran envergadura y alcance en la sociedad. Asimismo, el Positivismo estaba en su etapa inicial en el Perú (segunda mitad del siglo XIX) y se revelaba revolucionaria y transformadora.
No obstante, un punto donde pocos reparan es en el hecho de observar el basamento de una religión, cualquier sea su denominación, recurriendo a la etimología, religión significa <<religare>>, vale decir armonía entre lo que uno cree y su accionar (ligazón). Esta dicotomía no es ajena a la Filosofía y la encontramos desde sus incipientes destellos (Parménides). Así, la visita del Papa debería habernos llevado por esos andurriales y no difuminar nuestra mirada en el horizonte, ya que las legítimas marchas en señal de protesta contra los abusos y omisiones de la Iglesia son siempre particulares y coyunturales, lo cual no quiere decir que no tengan importancia.
A pesar del
anticlericalismo de Gonzales Prada, este nunca fue refractario a la religión, en
su sentido etimológico. Por el contrario, como acólito de Renán, tenía un
espectro visionario más profundo. Para ambos, Jesús más que ser el heraldo
redentor de una teología, representa una revolución moral (<<dar al cesar
lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios>>).
Esta es una de
esas oportunidades para repensar en qué radica ser religioso, ya que este
epíteto debe ser parte intrínseca de un reformador político y social como Jesús
de Nazareth, es ahí donde debemos apuntar el dedo y no endilgar epítetos
consabidos, ensimismándonos en <<snobismos>> anodinos.

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